He caminado en alucinación permanente
buscando tu frente despejada
y la aurora de tu vientre entre mis manos,
amorosas manos,
soñando tu silencio y tu grito,
tu voz perfilada entre miles de voces,
como el único faro que guía mis latidos.
¿He de avergonzarme de la locura cierta de ir en contra del mundo?
Mundo desviado del amor,
lacerado por la avidez de vulgaridad y el egoísmo desmedido,
¿Que sentido tendría nuestra existencia sin los sueños?
Aquellos sueños que constituyen el Norte de nuestro hacer,
decir, creer, amar
y puta equivocarnos mil veces,
sin que el dolor mitigue nuestra sed de divinidad,
de cumbre perfecta, de entrega y abandono,
a ser por fin amados en plenitud y amar, amar, amar,
hasta que ya no haya piel sino alma,
hasta que los ojos se conviertan en rayos certeros
que enlazan esas almas,
hasta que un roce de tu mano en mi cabeza
sea un universo completo
y tu piel junto a mi piel
un poema impronunciable.
Allá muy lejos diviso un futuro luminoso
y el pasado no es más que una bruma que se disipa a mi espalda,
nada cobra importancia cuando
leo tus palabrasy me viene a la memoria
tu sentencia... lento
sin prisa... tengo miedo
me abandono a mi destino...
yo te digo no te abandones
cree firmemente en el amor
porque este existe.
Ni siquiera te digo cree en mi,
solo te desafío a sentirme,
a creer en lo que sentiste,
como yo simplemente creo en aquello que sentí al conocerte.

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