Espero con ansias una playa de perlas y no de arena.
Unas olas gloriosas reclamando su supremacía,
una profundidad en tu océano
que permita que miles de seres gesten vida en él.
Toma los recuerdos y despliégalos
cual olas sobre la piedra hasta erosionar la rabia,
la impotencia,
la sentencia de que seguirán viviendo
microscópicos en tus profundidades.
Y que allí,
en el fondo de tu espeso mundo oscuro,
los tomen las ostras y los cubran de nacar...
hasta que en las olas de regreso
arrojes a las playas,
heridas perdonadas y recuerdos reconciliadores.

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