Cuando creí que estaba sana y radiante,
y que me aprestaba a explorar la sinuosa planicie del amor,
me apresté a recibir el golpe certero y nefasto de la duda.
La arritmia de mi corazón me enloquece frente al silencio.
Estiro mi espíritu en su máxima expresión
para hacer frente al desamor de ser ilusión y no carne,
de ser pasado y no presente,
de ser recuerdo y no vivencia...
Porque de mi terror, de mi visceral miedo extraordinario
di el giro gravitatorio al amor,
y permití a mis células llenarse de ti,
llenarse de luz violeta magnífica y refulgente,
hasta estar sedienta y dispuesta.
Entonces tu desapego, tu falta de interés
me comenzó a mirar en cada rincón oscuro
como si un enorme monstruo devorara mi fe y mi confianza...
Y comencé lentamente a desintegrar horizontes,
a guardar las alamedas, y evitar el viento...
completamente indefensa mastiqué el sabor amargo
de mi dignidad inmolada,
en cada mensaje enviado,
en cada llamada perdida,
en cada te amo solitario,
en cada espasmo de mi entrepierna sin compañero...


