viernes, 22 de noviembre de 2013

La inmolación de la dignidad



Cuando creí que estaba sana y radiante,
y que me aprestaba a explorar la sinuosa planicie del amor,
me apresté a recibir el golpe certero y nefasto de la duda.

La arritmia de mi corazón me enloquece frente al silencio.
Estiro mi espíritu en su máxima expresión
para hacer frente al desamor de ser ilusión y no carne,
de ser pasado y no presente,
de ser recuerdo y no vivencia...

Porque de mi terror, de mi visceral miedo extraordinario
di el giro gravitatorio al amor,
y permití a mis células llenarse de ti,
llenarse de luz violeta magnífica y refulgente,
hasta estar sedienta y dispuesta.

Entonces tu desapego, tu falta de interés
me comenzó a mirar en cada rincón oscuro
como si un enorme monstruo devorara mi fe y mi confianza...

Y comencé lentamente a desintegrar horizontes,
a guardar las alamedas, y evitar el viento...
completamente indefensa mastiqué el sabor amargo
de mi dignidad inmolada,
en cada mensaje enviado,
en cada llamada perdida,
en cada te amo solitario,
en cada espasmo de mi entrepierna sin compañero...




Pensando en ti





No dejo de pasar mis dedos por mi rostro.
los aprisiono contra mis labios, los deslizo por mis mejillas
hasta el borde de mi cuello.
Los enredo en las raíces de mi pelo
y siento el leve calor que emana de mi piel...

Sumerjo mi respiración en mi almohada,
giro mi cuerpo recostado hacia mi derecha
y contemplo con infinita soledad
la luna asomando por el pliegue de las cortinas...

Si cierro los ojos veo tu sonrisa,
tus ojos inmensos e impertinentes mirando mi escote.
Si cierro los ojos escucho tu risa,
tu ronca voz desafiando mi prudencia.
Si cierro los ojos siento tus manos,
el rudo despertar en mi espalda acantilados.

Te has transformado en tortura,
en cavilación,
en espasmo,
en contracciones de mi bajo vientre
y largas pausas donde no existe nada más
que tu cuerpo rozando el mío,
que tu barba abriendo horizontes en mi pecho
que tu lengua explorando mis profundidades.

No dejo de pasar mis dedos por mi rostro.


El primer encuentro




La noche está en silencio.
La arritmia de mi corazón es como un baile perverso
que va moviendo mis recuerdos...

La seductora marca de tus labios en mi cuello
arde y consume el aire de la atmósfera.
Deslizo mis dedos en la base de mi pelo
e intento contener mi saliva jugando en mi lengua.

Todavía siento el roce de tu barba
en la comisura de mi boca...

Todavía siento la textura de tu lengua
envolviendo la mía...

Todavía siento el sabor metálico de tu respiración
mientras yo soplaba suavemente sobre tu rostro...

Es en la lujuria de tu abrazo conteniendo mi cuerpo
que perdí el recato, la prudencia...
Descendí gravitoria la fuerza de mi esencia
y exploré sin pausa tu traviesa anatomía.

Todavía siento el placer de tu placer,
y tus ojos brillando extenuados del primer encuentro.