
Y desde el Dios deseado, deseante y devorable, se nos abre el apetito, hombre renunciado, rendido al clamor, pero no al encuentro, rendido como bandera de búsqueda planeando en la espalda, doblada en la vértebras, metida en el iris pujante de este ser Divino que nos has construido…
Y quizás la gente no quiera saber de qué estas hecho, y de si flaqueas o te endureces con el pasar de las mañanas, con la jalea real que te embolina la mirada, con este aparato, que te ha creado un universo alterno, para amarla sin nombre, ni forma, ni contexto… para amarla como latido en el ordenador, como la agujeta del altavoz, y tu jefe gritando que le bajes el volumen…
Las palabras han sido un mar para perderse, donde el náufrago es un amor reconciliado de preguntas… ¿Y qué importa ya la sensatez de los dormidos?...
Amar, amar, amar hasta que no haya Dios sino alma, hasta que el rayo de amor que enlaza esas almas, lleve tu nombre escrito en piedra, y millones de años después un peregrino de otros tiempos, le talle el mío a su costado, y volvamos a unirnos en las circunstancias equivocadas, a proclamar a vientos que no podrán respirarse que tu y yo hemos nacido para tocarnos, para aprisionar entre la piel el abrazo, hasta hacerlo etéreo, inconmensurable, indefinible, y que en este mar de palabras, nos ahoguemos, hasta no necesitar escuchar un sola… ninguna… en un universo creado por él, el único, inmenso, omnipresente amor, que no necesita nombrarse para llenar el vacío…
Cielo delicioso, reina, niña… musa, amor, viajera… ninguno de esos nombre tendrá el de nadie, ni el mío ni el suyo, e iremos inmensas, contenidas, y cercanas a aplacar demonios que nunca quisieron robarte el sueño y las horas, pero cavaron sepultura a tu corazón para esperar la multiplicación de él, como en algún minuto existió la multiplicación de los panes…. Así tal cual, como alimento de estas labriegas de destinos que hemos sido bajo el suave roce de un te quiero en la pantalla… de un ronco “a ver” en el teléfono… y tantas explicaciones no pedidas…
Desde el sufrimiento, levanto abrigo para devorar la miseria de las esperas, de los corazones humanos, de la impavidez del mundo, y decir, hacer, y puta! equivocarnos, una y mil veces sin detenerse…
¿Eres el único rendido ante la evidencia?… mi boca no se llena de ella… será por ello que el cuerpo es carne, al alma espíritu y el amor lo que los une…



