Mi acantilado está con agua
se han disuelto las estalactitas de mi espalda,
el barco ya descubrió donde está
y me lanzo sin temor a caer con todo... sumergida.


El deseo es una marca en la piel.
Un trazo oscuro que dibuja los contornos
Un beso húmedo bajando por mi cuello.
Un espasmo de labio inferior…
… una debilitada distancia…
y así esta roca ingravitoria, por fin libera el grito y el llanto, la risa y la esperanza, las bendiciones, la mirada perdida, las manos cautivas...
se aleja de los números reales y les da paso a los números filosóficos que la conectarán con la tierra, con el agua, el aire y el latido...
¿Y cómo sabes?... quizás hoy sea el día, el primer día... ese donde todo existe y nada falta.
