sábado, 24 de junio de 2006

Otro hijo... un regalo para Uds. de 1997. Autora Catalina Fernández.


La gravedad me robó las palabras

La Tierra había traído para cohabitar en Ella, a una serie de seres con funciones y obligaciones específicas. Cada cual tenía su rango y su lugar, y su más hermoso hijo era GRAVEDAD; juntos cuidaban que todo tuviera peso, forma y contenido, para que así, se pudiesen marcar con propiedad las diferencias entre los mismos.

En la superficie existía una casta de Señores: Los Árboles, que gobernaban el lado externo de su Madre Tierra; clavaban sus raíces en el cuerpo materno y procuraban pedir tanto como se pudiera, a fin de vivir la soberanía que los definía. Los animales, flores y frutos que convivían con Ellos los adoraban por tener la facultad de anclarse a la Madre y sostener el vínculo fetal. Suponían que el poder de toda la creación del planeta radicaba en esta estrecha relación de los Señores Árboles con el inframundo, y que por lo mismo sólo el conocimiento de Ellos podía ser Ley.

Los Árboles eran seres pragmáticos, dotados de aparente omnipotencia, arrastraban sus raíces enormes a través del suelo, dando socorro de anclas para ayudar a mantener la cordura. Los seres los miraban imponentes, magnánimos, aparentemente mágicos y sabios. El sonido que emergía de sus troncos tomaba vida y pesaba como todo lo importante.

La tradición oral cuenta que los Señores Árboles eran los hijos directos de la Tierra y el Universo. Habían nacido en respuesta a la llegada de un revoltoso hermano, etéreo e inconsistente: GRAVEDAD. Nadie entendía porqué la Tierra y el Universo habían concebido hijos tan disímiles, pero se sabían que los amaban y por lo mismo los habían ordenado en vida uniéndolos en estrecha dependencia… los Árboles, habían creado anclas de piel y sangre, poderosas amarras a su madre, cadenas nutritivas de información y consuelos… raíces que desafiaban la ausencia de su alocado hermano.

Gravedad era un ser más emancipador; constituía para él un desafío enorme el pensar que las cosas y los seres no pudieran tener peso, ya que todo lo que él tocaba se adhería a la superficie. Años después, cuando sólo quedaran recuerdos sobre sus mágicos dones, la gente especularía sobre como un ser intangible componía desafíos a los pasos y daba consistencia a los sonidos. La vida en su ausencia volvería de catástrofe al ser más hermoso que nació: Piel, la hermosa hija de los Árboles, trillizos Gobernantes de la Tierra.

Piel era un descanso a la vista. Había nacido de un amor innombrable que sacudía los recuerdos de sus Padres Árboles, y su existencia recordaba una y otra vez la dicha absoluta que vivieron los leñosos Señores gobernantes. Cuentan que en un parto de colores, donde la noche conoció la luz dentro de la oscuridad, una criatura sobrecogedora paría el ser más hermoso que hubiesen visto al Tierra y el Universo. Al lado del lecho de rayos luminosos, esperaban histéricos y estupefactos los progenitores… tomados de la mano de su amada Aurora Boreal, suplicaban por poder conocer pronto el fruto de sus pasiones… Entonces Aurora gimió colores que nadie había visto, bañó el tinte negro de la oscuridad con destellos de arcoiris y sacó de sus entrañas una única hoja de piel morada envuelta en su placenta. Piel había sido un regalo del amor que quedó atrapado en el alba, y así fue también la crianza que obtuvo.

Desde muy pequeña mostró interés en averiguar porqué las cosas eran de determinada manera; porqué sus padres tenían esas extrañas ataduras a la superficie y porqué además, su cuerpo era casi de transparencia, a no ser por esa piel de membranas que si habría, dibujaba toda una constelación de membranas moradas. Ciertamente el ser morada era lo que la definía; sabía que era una hoja, pero tenía piel y no era verde… por lo mismo en su niñez esta elasticidad la discriminaba y ahora le ayudaba a entender que su papel en esta vida no era precisamente casarse con una rama.

“Padre”- dijo Piel a sus tres progenitores-“Quiero que me expliques porqué no tengo nadie que se me parezca… ¿Es menester de la creación, el haberme asignado un rol que no tiene cabida en las funcionalidades?. Sé que me has explicado una y otra vez sobre que debo esforzarme en sacar raíces que me anclen a la Abuela… sin embargo, no hay nada que me llame ha conseguirlo. Si no fuera por el Tío Gravedad yo estaría perdida en un todo”

Los Árboles miraban con desconsuelo las incomprensiones de su amada Piel; todo el orden de una vida consistía en las Leyes de pisar con insistencia la Madre que ofrecían a sus discípulos. Hubiesen querido que Piel tuviera unas raíces que la ataran a su próximo Rol como Gobernante… pero tal grado de locura y fascinación por ser individual los consternaba.

“Hija”-les respondieron- “deja de cuestionar las cosas, sigue las reglas que todos aceptan… únete a tu Abuela… forma parte del conjunto. Si sigues siendo tan individual sólo conseguirás caos y desamparo… las criaturas habitan en armonía, jamás osarían desafiar lo establecido como tú insistes. A veces, haces demasiado difícil el no anclarte…quizás si dejaras que Rama de Sauce te uniera su vida, la cabeza se te llenaría menos de disparates”

Estaban cansados. A lo largos de los años, Piel se había puesto cada vez más intolerante a las similitudes. Ella consideraba que tenía razón… ¿Cómo es eso de andar circulando por ahí teniendo las mismas características y dones de todo ser viviente?... No, Piel sabía que las venas sólo le latían cuando lograba encontrar una fibra que le perteneciera… sólo a Ella. Su lucha se había transformado entonces en un intento desesperado por encontrar a alguien tan libre como Ella; alguien capaz de desafiar la autoridad austera de su Padre Árboles…

El día era una fiesta de carne y hueso. Mapaches, Orquídeas y Nueces caminaban entre el Pasto-Mercado, contándose historias, regateando con las Madreselvas el precio del rocío y en un rincón, traficaban fertilizantes y vitaminas los Insectos.

Cada Miércoles el Pasto-Mercado reunía a toda la población de la Tierra, y en una caravana de piruetas y carcajadas, los habitantes compraban y vendían, esperando la llegada de los tres Soberanos para la bendición sobre sus anclas. Incluido en la festividad aparecía corpóreo el Señor Gravedad y los habitantes entonces podían rendirle alabanzas de gratitud por el don de darles peso para tocar la Madre. Sin embargo, lo que los jóvenes Ramescos esperaban con ansiedad era la presencia de Piel, quien casi incorpórea, sublimemente morada, caminaba con indiferencia y absoluto desapego, mostrándoles sin temor a todos los presentes, que Ella y Ellos no eran ni serían nunca iguales.

La Multitud cesó su estruendo cuando escuchó el pesado arrastre que anunciaba la llegada de los Soberanos Árboles. La tierra a sus pies vibraba, y el ruido del roce de la madera bajo la Madre fue empequeñeciendo el corazón de los presentes. Era la aparición de los Ellos como la detención del tiempo y de la vida.

Avanzaron erguida la cabeza y arrastrando sus largas barbas repletas de nidos por todo el Pasto-Mercado. Depositaron sus raíces en la Tierra, rompiendo casi con obscenidad el lugar donde se plantarían… eran ante la vista el contenido perfecto de la fibra que contiene la existencia.

Ya habiendo depositado sus colosales cuerpos, el tiempo pareció quitarles avance por unos segundos los presentes. Un trago de saliva apretado y resbaloso les subió a todos desde la boca del estómago hasta la punta de la nariz, casi escapando, anunciando la llegada de Gravedad, quien para el asombro de todos traía consigo un halo inconsistente en sus brazos.

Los presentes miraron con desconfianza. Jamás se había visto que Gravedad portara algo que no fuera su propio peso, y entonces el asombro de todos se convirtió en terror cuando abrió los brazos y el halo levitó sin peso ni forma traspasando a todos los que estaban. Las ropas se movían, las barbas de los Señores Árboles parecían tener vida propia y todos estaban histéricos con esta sensación. Entonces el grito de los Árboles se escuchó:

“¡¿De qué se trata esto Gravedad?!... osas interrumpir las festividades asustando a los discípulos con tus bromas de mal gusto… Es mejor que expliques que truco infernal has traído que se atrevió a levantar las cosas de su peso”.

Gravedad frunció el ceño; detuvo con la mirada al extraño fenómeno que a todos molestaba y solemnemente anunció en tono severo: “Lo que te molesta Hermano, es mi hijo: El Viento”.

El alboroto que se produjo entre los presentes superó al anterior, todos murmuraban. Entre los Árboles se vieron muestra de una inusual inquietud y Gravedad tendió a reírse en forma complacida. “Sí”-interrumpió entre carcajadas- “Él es mi hijo… el escondido de Uds. Por tantos años… el secreto que hoy les regalo. Creo que es justo que tal como se rinde pleitesía a Piel, ahora consideren que existe un nuevo sucesor al trono: Viento”.

“Escuché que me nombraste Tío”- Se oyó entre el asombro aturdidor de todos los presentes- “Creo que no es lícito que me nombres si no sé porqué se me trae a discusión”- sentenció Piel que se abría paso sin obstáculo entre los Mapaches y las Nueces. Entonces su caminata se vio interrumpida por un brazo que la sujetó con fuerza. Al girar la cabeza la cara de sus Padres en franco temor la hizo detenerse sin resistir. “No sigas avanzando hija… espera a saber más”

El viento, que aún no mostraba su forma corpórea miraba extasiado el cuerpo morado de Piel, y descubría con asombro enternecedor que bajo sus brazos se extendían perfectas membranas de un vertical deseo. Quiso entonces inflar sus dimensiones de carne y sacarla a flotar entre sus brazos… no aguantando la presión de nombrarla se dimensionó y mostró su forma.

Gravedad lo miró con extrañeza y temor, lo sujetó de la columna y le impidió moverse. Sin embargo era tarde… Ella lo había visto y sus ojos lo absorbían en preguntas sin respuestas. Entonces Viento miró a su Padre, tomó la mano que lo aprisionaba y con respeto se liberó.

“Me llamo Viento”-dijo soltando una ventisca que volvió a sacudir a todos… Piel sintió el cuerpo distinto, algo en sus brazos se movía…”Soy el hijo de Gravedad… y es para mí un placer decirte que eres lo más hermoso que he visto… espero no incomodarte pero quiero envolver tu cuerpo con el mío y presentarte las alturas de mi dominio… ven”.

El eco de ese llamado retumbó en cada célula que la componía; “ven” sonaba cargado de peso entre sus venas; “Ven” la dimensionaba y la liberaba del todo; “ven” constituyó la cárcel donde quiso anclarse por siempre. Intentó avanzar, aún con la mano de su padre sobre el brazo impidiéndole hacerlo; “ven” era todo lo que veía, escuchaba y sentía en ese momento. De pronto se dio cuenta que no podía avanzar por la fuerza que ejercía el dominio de esa Piel leñosa en sus membranas moradas. Casi furiosa giró la cabeza y les ordenó que la soltaran. Los Padres comenzaron serenos el diálogo: “Deja de intentar que te soltemos… debes recordar lo que eres y lo que debes…Tener la obligación, escucha, no la elección, de gobernar el todo formando parte de él con anclas es una tarea que te ha sido asignada desde antes de tu nacimiento… Recuerda hija, recuerda… ¡Debes sacar raíces ahora, de otra forma deberemos anclarte a una Rama!”

Con cierto tono de desconcierto Piel les contestó: “Déjame ir Padre… ¿Por qué no entiendes que me llama?...Acaso ¿Nunca sentiste la razón de unos pasos que sí avanzan?... lamento no ser lo que esperas… ¿No quiero vivir con una Rama!¡No quiero Anclas!... déjame ir Padre…si no lo haces te arrepentirás de las marras que hiciste con mi nombre”

“No debes Hija”´-sentenciaron furiosos-“Esta broma impúdica de tu Tío te tiene aturdida… ¿Cómo te atreves siquiera a nombrar vivir sin anclas?...Tu Madre lloraría colores de saber que nos desafías los motivos de esta manera… ¡No te atrevas a seguir avanzando!”

En el cielo impaciente y desorientado se escuchaba aún la voz de aire de viento llamando a Piel con desgarrador fervor; insistía en un “ven” que tenía a Piel casi al borde del llanto. Por su parte Gravedad, al lado de su hijo, disfrutaba el momento.

Luego de la Catástrofe algunos recordarían con desprecio el cómo semejante momento de infortunio, no fue lo suficientemente fuerte para despertar en ellos la voz o el llanto. Sin embargo, quienes latieron como jamás lo habían hecho hasta ese día fueron los cuatro hermanos, quienes absortos ante la dualidad de dejar que sus hijos fueran y que sus hijos les obedecieran, claudicaron la cordura desafiando todo criterio y amor.

“Ven” volvió a sonar entre las fibras de Piel; consternada e invadida de promesas que Ella misma había cultivado tanto tiempo, desprendió con fuerza dolorosa el brazo de su Padre. Alzó entonces la vista ante el desafío que significaba entregarse a esos brazos y conteniendo el aliento casi para siempre, abrió sus membranas y dejó que Viento la tocara. Él comenzó a desplegar su cuerpo de formas que no conocía, fue evitando las inconsistencias de su nombre para cubrir con sumo cuidado cada poro de Piel, que indefensa había respondido a la invitación, y tragándose parte de su Padre Gravedad, comenzó a sacarla de la superficie… a levantarla sin peso.

Piel estaba inmersa en placer; no entendía como su cuerpo podía contener tanto de Él en un abrazo y sentirse mezclada, guiada sin sometimiento y hundida la obligaba a admitir que nunca se había sentido tan única como en ese momento de noción de su propio peso en los dedos de otro. Fue por eso quizás, que decidió abrir los ojos y buscar la pupila de Viento. Necesitaba saber que encontrarse contenida en ese abrazo, la facultaba para probar lo que no pensaba…Entonces sujetó a Viento entre sus membranas y descubriendo no sólo sus ojos, lo besó en perfecta fusión.

El grito de los presentes fue desmoronador; Nueces y flores corrían a esconderse, nadie podía soportar el contacto de una descendiente de raíces con un ser tan etéreo como el intruso; Los Árboles montaron en cólera… furiosos arrancaron las raíces de la Tierra y avanzaron hasta el lugar donde elevada su hija besaba al intangible independiente. Las barbas ondeantes ante el golpe del cuerpo de Viento soltaban lágrimas y el tener demasiado peso para saltar y atrapar a su hija, los enloqueció… Comenzaron a blasfemar el nombre de su padre Universo, gritándole que sólo la existencia de una descendencia tan volátil podía tenerlos convertido en fracaso. Increparon al suelo, a sus ramas, sus leñosas pieles y a su amada Aurora… Se sentían lastimados e impotentes. Nació entonces como una erupción petrolera desde sus viscerales sabias toda la furia contra el peso; Se levantó un sonido parejo y entre sus raíces capturaron a su Hermano.

“Jamás pensamos que convivir contigo significaría tener que eliminarte”-replicaron severos-“Quiero que se muera el tiempo, que no exista nada, que te tragues a tu hijo entre tus entrañas y abandones esta superficie que te odia y te maldice… ¡Fuera de mi Reino!”

“Si me marcho”-logró decir Gravedad-“no volverán a tener peso… olvidarán el dominio de sus propios cuerpos y deambularán contenidos en una misma cosa…”-se asfixiaba entre las raíces-“¡Suéltenme ahora!... la furia de mi ausencia los convertirá en el todo dentro de la nada…”

Los Árboles respondieron a la amenaza contrayendo el cuerpo en forma violenta; sacudieron encabritados a su hermano capturado, y entre las raíces comenzaron a estrangularlo sin piedad. Lágrimas escapaban a través de las arrugas, la leñosa piel se agrietaba por la fuerza ejecutada y sus raíces se iban descascarando, desprendiéndose contracción tras contracción, hasta ya casi no sentirlas efectuando la masacre. Gravedad iba perdiendo consistencia; a lo lejos, la consecuencia de dicho ataque se hacia evidente: las cosas comenzaron a levantarse de la superficie; uno a uno los segundos pasaban llevándose el dominio de esos seres entre el abovedaje de raíces que mataba a Gravedad.

Absolutamente compenetrados, Viento y Piel seguían besándose. Elevados e imperceptibles no respondían a los gritos abrumadores que se perdían al irse retirando de la Madre y el espacio que ella formaba en el moribundo… ¿Cómo podrían responder a las plegarias de los habitantes que flotaban si hasta las mismas palabras de sus bocas ya no tenían peso?...

Gravedad había ido reduciéndose hasta encontrarse en una pequeña porción de superficie; dentro de ella, estaban contenidos los Árboles y los amantes… el cuerpo estrangulado de Gravedad iba yendo hacia la inconsistencia cuando sobrecogedora y lastimada la Madre Tierra les habló a sus hijos:

“No fue suficiente regalarles mi propio cuerpo para vivir… ¿Qué están haciéndose Hijos?... ¿Por qué tanto rencor, tan obcecada frialdad entre Uds.?...No entiendo el afán de competir por quien gobierna si al final ninguno tendrá sobre qué hacerlo… Se han perdido Hijos… Vivir por vivir, simplemente porque no se a muerto es algo que odio sentir entre nosotros…Debí responderles de otra manera; suponer que estaban preparados para saberse independientes aún estando unidos fue darles mucha responsabilidad…Lo lamento Hijos, yo tampoco estaba preparada para ser Madre” –Dicho esto la Tierra abrió los brazos, atrajo con peso magnético a sus entrañas a Gravedad, y dolorosamente conciente miró a sus tres hijos perder las raíces y flotar sin diferencia hasta desaparecer.

Fue en ese mismo instante cuando Piel sintió que Viento la soltaba, despavorida abrió los ojos y el horrendo espectáculo le quitó el color que la definía. Aún habiendo perdido parte de su cuerpo, Ella flotaba al lado de su compañero… La angustia de ver que Viento se desintegraba la llenó de tanto sufrimiento que perdió la noción de todo. Oscuridad, luz, vacío o contenido… explicar lo que la acompañó no se puede.

No sabemos cuanto tiempo pasó entre la Muerte de Viento y la recuperación de la conciencia en Piel. Se sabe solamente que regresó de los abismos de ese beso que la convirtió en firmamento, y de guerras oceánicas de un elemento que jamás había existido… quizás estaba creando nebulosas de hipos o pequeñas gotas de hielo, pero lo cierto es que aún sin recordar los acontecimientos de su sueño, intentó pronunciar su nombre y descubrió con impacto que nadie la escuchaba. Ya no tenía boca, ni rostro, ni membranas… ya no se sentía espigada, ni hecha de venas, ajena a todo. Una sensación que le causaba repulsión la unía de manera violenta a partes de su cuerpo que no eran sólo de Ella.

Tal vez entró en un pánico que le impidió contener la fuerza de la contracción que obligó a todo su nuevo cuerpo compartido a moverse en el mismo movimiento… entonces descubrió que era parte de un todo. Sólo la benevolencia de dejarla convertida en su nombre permitió que no se rindiera.

Ahora… sólo a veces, cuando llega el otoño, se que ella pierde la calma y me reclama. Se me llena el cuerpo de ruidosos escalofríos si el Viento, rozándome, intenta aún besarla…

sábado, 17 de junio de 2006

Por lo que han cerrado sus baules y los que han quemado el dolor con sus palabras.

Hoy tuve la alegría de leer lo que las personas andan creando para nosotros. He sido un testigo más de cómo las palabras que salen escritas en cualquier medio se convierten en regalo para quien se descubre ante ellas como en el más perfecto espejo... por ellos, por mí y por el nosotros que debe existir siempre comienzo a regalarles los hijos que escribí desde los 17 años...






Lunas y Lunares enloquecen (1995, autora Catalina Fernández)

No quiero seguir sintiendo el aire en los pulmones. No quiero este aire… no quiero nada que se trague… el aire me recuerda que estoy viva.

Los caminos que he tomado son sinuosos; tienen aristas y curvas, pequeños letargos de una conciencia mojada. La luna, la lluvia, los lunares, los caracoles, los millones de destellos ardiendo en el firmamento, que insisten en llamarse estrellas, te nombran. No existen las estrellas sólo son pequeñas bolas de suciedad en la imaginación que le impiden a una dormir tranquila; son los apestosos espías de un ser indigno que crea cosas y las nombra… que crea hombres y les da razones… que crea razones y les da muerte.

Es en la continua travesía de mi alma, donde descubrí que el ritmo armónico de mi corazón me aturdía; por eso, cuando se encabritó hasta apagarse nuevamente, supe que jamás volvería a creer ni en el aire que insiste en meterse por mis narices, ni en los acantilados que disfrazados de oportunidades me amenazan cobardemente con la cordura.

Estoy segura que el lunar que tengo en mi hombro, impertinente testigo de mis horizontes, sabe porqué se movió de lugar. Hace unos años lo tenía en mi muslo derecho, pero ahora me pesa y me habla de lamentos y gritos desconsolados… ¡¡¡Maldito!!!, le grito, “vuelve a mi pierna, deja de mirar como un ojo instigador cada paso que retrocedo… eres un asqueroso voyerista, un asqueroso proxeneta de recuerdos… quiero que vuelvas a mi muslo… el hombro me pesa… ya estoy muy cansada”.

Como dije, estoy segura que el lunar que tengo en mi hombro se movió de un día para otro… fue cuando invoqué su nombre… uno siempre comete los mismos errores.

Me enseñaron a muy temprana edad que uno era como el junco; el viento te movía de un lado para otro, ladeándote casi al punto del garabato, para luego levantarse hacia el otro costado, amenazando cualquier equilibrio conocido. “¿qué tiene uno de parecido con los juncos?” pregunté ingenuamente… “que si compatibilizas con el viento nunca quebrarán tu tronco” me respondieron…¡¡ ¿Qué saben ellos de doblarse en las rigidez del espíritu, de cómo un tronco amigo puede volverse tu caja mortuoria, y qué saben ellos sobre como el aire, el viento y todos sus compañeros eólicos son una pila de degenerados disfrazados?!

Acabo de sentir nuevamente como el aire se mete por mi nariz, infla mis pulmones y me obliga a respirar. Aprendí a respirar contigo… querías que lo hiciera en sincronía con los latidos de tu corazón. Una propuesta demasiado cara hiciste: sin latidos no hay respiración… entonces, ¿por qué sigo respirando todavía?

Lo conocí a los 16 años. Yo, una mocosa con la vida convertida en junco y una sonrisa dibujada en los labios. Mis únicas convicciones eran el hecho de que vivía y eso debía ser por algo o por alguien… Entonces él se acercó a mi oído diciendo: “Ayer la Luna tenía dibujada tu sonrisa”.

Como si de repente millones de ojos y de voces hubiesen encontrado en mí su estadía, la sangre me habló de tus labios, de tus conquistas y de tus deseos… y allí trémula de sobrecogimiento por la noticia del robo Lunar de mi sonrisa caí plagada de atmósfera hasta poder girar la cabeza y mirarte… ¿porqué habías tardado tanto? Pensé mientras me aferraba a tu cuerpo, conteniendo el aire, la pena, la risa, la sobrecogedora convicción de unos ojos que me pertenecían. Todo era tan diferente… tu voz, el calor de tu piel, el olor de tu pelo. Pasaban esos escasos segundos donde toda una vida de batallas nos acompañaban y la certeza se fue alejando, pidiendo secretamente que no recordara, que no recordara… entonces descubrí la presión que ejercían mis brazos alrededor de tu cintura y soltándote, con la sensación de abandonarlo todo, levanté los ojos y te dije… “Ayer, esa sonrisa era robada”.

Una vez maldije su existencia, repugné el cuerpo que traía consigo. Asqueada e impotente aborrecí la compañía que me ofrecía y como si de cada poro escapara un largo y horroroso lamento le grité… ”¡¿porqué insistes en aparecerte en mis sueños, en mis recónditos deseos, dejarme fantasear con que te tengo, para luego enviarme sola a combatir los demonios que tú mismo me has presentado?¿Quién te eligió para acompañarme a través de los siglos, para aparecerte una y otra vez en mi cabeza y meterte en mis fibras hasta convertirme en universo?... luego, egoísta y traicionero me dejas intentando encontrar un pedazo de tu sombra olvidado en mi alfombra… tan solo un pedazo tuyo en cualquier cosa… ¡¡¡Maldita Alma Gemela!!! Compañero de destinos, torturador de mis besos… No quiero seguir, muerte tras muerte amenazando mi cordura con la cura de encontrarte en un abrazo, todo tan dispuesto y conocido por ese vil creador de circunstancias, por ese rastrero que sabe que el lunar se me cambió de lado para gritarme en el oído: ¡¡¡MUERE, MUERE, MUERE Y ENCUENTRALO DE NUEVO!!!

Por una sonrisa en la Luna comenzamos a dibujar caminos; Primero reconocí destellos que se reflejaban en sus pupilas. Los destellos parecían pequeñas ondas magnéticas, pequeñas bolitas de fuego… eso eran… eran estrellas, las mismas que bajo el cielo encubridor permitió tu regreso de la Guerra. Yo no sabía que partirías tan luego… tampoco lo supe cuando vi el mismo reflejo a pleno sol, en una plaza de Italia atestada de gente subiendo a los trenes; ni cuando la lluvia que caía en Escocia se los llevaba en cada gota… siglo tras siglo, reflejo tras reflejo te reconozco cuando te veo, te pierdo a los pocos segundos y vuelves a llamarme minutos antes de partir… me llamas por mi primer nombre, ese que conocen él y tú… bueno, y también sus espías, sus millones de ojos titilando soledades en el cielo raso del universo.

De pronto algo me sube por las piernas, sujeta el lugar sonde estaba mi travieso lunar y lo presiona. En seguida mis piernas parecen de agua, tan líquidas como las olas, y la piel se recoge y estira, la piel se contrae y se suelta, la piel se enfría y luego arde… el océano que ha despertado entre mis piernas comienza un diálogo ensordecedor con el lunar en mi hombro… soltando palabras impúdicas, cargadas de aliento, cargadas de nombres… y así, sin saberlo mi cuerpo respira enajenado un aire que aborrezco, que me obstruye los pulmones repletos de conciencia y yo intento morirme… pero solo jadeo, y jadeo y jadeo hasta llenarme de heridas la memoria, de tantas caricias que siento y que extraño, de tanto bosque que dice haberte escuchado acechando, conteniendo tanta fibra para tus cobardes pasos, tanta sal para tu escasa agua, tanta selva que tu tierra me secaría, que derrotada e indefensa ante tu ataque reconozco que no me importa si destruyes mi piel con grietas y sequías… necesito que vengas a tomar todo lo que te pertenece desde siempre y luego me abandones…

Sólo te pido que en la siguiente vida, sea yo la que se despida y por fin te acompañen las estrellas y la Luna noche tras noche… así hablaremos al fin en lenguajes comunes, llenos de aire y pulmones que sobran…

miércoles, 7 de junio de 2006

Como si tuviera nuevamente 23...


Este mes ha sido reconciliador. Resulta que llevo 4 años trabajando, y recién esta semana pude mirar para atrás, sentir orgullo, apretar la guata y seguir adelante.

Dije como si tuviera 23, porque tenía esa edad cuando llegué a Empresas Bravo a pedir práctica. Me sentía llena de energía y ansiosa de poder entregar y aprender... fue una práctica cotota!!!, descifré el Bienestar de la Empresa, que llevaba más de 15 años de historia, "buceando en miles de papeles" , casi pura información verbal, intentando darle forma a este mundo que desconocía.

No existía ningún parámetro, otra empresa con algo similar a quien recurrir, ni gente a mi alrededor a quien preguntar razones técnicas... 8 meses estuve realizando el Diagnóstico... tenía datos tan poco confiables que mis informes eran: supuestamente existen tantos socios... SUPUESTAMENTE!!!, la Sole T. se enojaba muchísmo, no lograba entender que costara tanto... pero le puse garra, me quedé fin de semanas completos trabajando, días hasta la madrugada de corrido, y de pronto fui nombrada Jefe de este Bienestar, sin siquiera haberme titulado aún...

Imaginen lo feliz que estaba, me dieron confianza, me dejaron crear y además comencé a encontrar y conocer gente maravillosa.

Estos 4 años, han sido difíciles. Creo que nadie se imaginaba que el Bienestar iba a crecer tanto; mi necesidad de ampliar horizontes, la flexibilidad de mi espíritu y una constante firmeza en no soltar por muy difícil que fuera todo... dieron fruto, y transformé el sueño inicial de los pioneros, en un presente y un futuro inesperado.

Y digo que ha sido difícil, porque al no pertencer a la línea directa del negocio, los recursos, las postergaciones y los intentos eran pan de cada día... Fue el cariño y convicción que fueron asumiendo los socios, la confianza de mi área y el apoyo de mis prestadores, lo que permitió que no dejara de creer.

Hace 2 años atrás. Convencida de la necesidad de tener una personalidad jurídica, un software que permitiera administrar el volúmen de información y dinero involucrados, y ante todo un equipo de trabajo con las habilidades necesarias para mirar este espacio como la oportunidad de desarrollar talento y amar a la gente: PEDI, e investigué, inventé, conversé, PEDI de nuevo, seguí inventando, me arriesgué, fallé, crecí, cambié de estrategia y le di fuerza y poder a este cuento, hasta que por fin esta semana 3 hitos ocurrieron que cambiarán la historia futura de bienestar:

1. Comenzó la auditoría que estábamos esperando, esta que permitirá que lo que ocurre tras "bambalinas" sea transparente y consensuado por otra mirada que no sea sólo la mía.

2. Se hizo perentoria la necesidad de definir qué tipo de personalidad jurídica respaldará las acciones y abrirá las puertas cerradas a la sociedad.

3. Se hará el sistema de apoyo informático, que disminuirá los errores humanos, bajará los costos y riesgos del ejercicio, y ante todo permitirá que mi gente y yo, podamos salir de lo operativo... entonces, este esfuerzo y cansancio que llevamos en el cuerpo escondidos para que Uds. no lo vean, será transformado en aprendizaje y desarrollo de talentos que aún no se pueden demostrar.

Es cierto, que podría todo esto haber ocurrido antes. Que la convicción con que hoy me planteo, podría haber sido más enérgica. Pero no lo fue, y respirando profundo creo que era absolutamente necesario, hoy me doy cuenta de lo valiente , generosa y capaz que soy. Costó 2 años, algunos ni lo recuerdan, otros sí... por esto:

Ha valido la pena sentir la falta de apoyo y luego soltar el apego al mismo, porque regresó con más fuerza.

Ha valido la pena recorrer kilómetros resolviendo necesidades, abriendo oportunidades para otros, y dejarme de lado, porque ahora estoy renovada.

Ha valido la pena, creer en alguien, formarlo y darle herramientas para la pega y para la vida, porque aunque no todos están hoy, sé por ellos y por otros de sus triunfos.. nuestra experiencia les sirvió a ellos y a mí para ser mejores.

Ha valido la pena respetar los ritmos de los otros, y concentrarse no en lograr el objetivo como sea, sino que involucrarlos en este objetivo. Gracias a ello, vencí el ego e incluso entregué los trofeos a quienes se arriesgaron y confiaron, lo que me ha dado libertad.

Ha valido la pena tantas horas dedicadas fuera de horario, perdiendo inclusive la oportunidad de amar a alguien, o de compartir con mi familia y amigos, porque el "sebeb"sobrevivió y yo también. Hoy puedo soltarlo teniendo a mi lado a quienes realmente me aman, porque están aquí presentes... nunca se rendieron conmigo. GRACIAS.

Y puedo decirle a todos Uds. que creer, amar, perder, encontrar y sobre todo arriesgarse por los sueños que laten adentro, es posible y necesario... Tan posible como no trabajar por dinero, y tan necesario como hacerlo por convicción...

Al comienzo, a estos 23 que iniciaron mi aventura, le grito : ¡¡¡se PUEDE!!! Por los 200 que fuimos, los 4000 que somos hoy y los millones que seremos, un ENORME abrazo.