
Y hoy me quedo mirando la guerra diferente...
¿porqué tenemos que odiar la guerra?
Odiamos nuestra propia creación hasta hacerla necesaria.
Y si de pronto amarla fuera la respuesta?
Si a cada guerra le metiéramos todo el amor que andamos trayendo hasta recuperarla...
así como quien rescata un animal herido o un alma perdida.
Rescatemos la guerra de su contexto.
Y de pronto estoy aquí contigo,
pensando en que cada abrazo podría recibir a una ametralladora como huérfano.
Que cada beso podría doblar en dos la fuerza de un cañonazo,
que cada te quiero, podría quitar la mano del gatillo, hasta volver la guerra un hijo perdido,
entre tantas creaciones humanas...
y entonces...
lloraríamos todos por este reencuentro, hasta permitirle descansar para siempre.
