Una rotación de esta roca suspendida.
El roce de una idea en la periferia de la mente.
Dedos...
sigilosos dedos que acechan tu piel impaciente
volando como águilas
sobre los acantilados de tu cuerpo.
Contacto,
apenas un leve contacto
breve...
y tus labios se abrirán
inhalando vida, aire y estrellas.
Contacto desestabilizador
pues a las manos que vuelan les está vedado tocar
por el peligro de precipitarse sin retorno
en la cima de tu continente
y tras las manos
la sed de la piel que se mantenía a distancia.
Un día
mientras esta roca suspendida rote
sobre si misma,
mi piel colapsará en tus sentidos
para brillar desde tus ojos
para dar testimonio del peligro,
para incendiar el miedo
para iluminar la vida.

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