En mi vida los pinceles guían a veces mis ojos.
Hablan en otros idiomas
que luego cuando los miro
convertidos en realidades
enfrento como una imagen en el espejo
que no esperaba...
Cada trazo,
el grumo de la pintura,
la profundidad de las cerdas sobre la tela...
a veces son diálogos pecaminosos
entre mi invitación de pinceles
y mi invitación de espejos...
Luego,
cuando están como ojos
mirándome desde paredes que hablan,
me susurran : te conozco,
yo te he visto reflejada en mi piel...
Una piel hecha de acríclico,
agua,
una mano inquieta creando horizontes
y unos ojos hambrientos de verse...

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