Cuando las palabras se derramaron
y permearon hasta las capas más profundas de tu mente...
y permearon hasta las capas más profundas de tu mente...
mas allá de la órbita de los pensamientos,
penetrando los espacios íntimos del sentimiento,
ablandando con amor y perseverancia
la armadura esférica impenetrable
construida a fuerza de experiencias
dolorosas y traumáticas
por tantos golpes recibidos,
por tantos errores cometidos,
por tanta culpa imperdonable,
por tanto rencor y tanta herida...
Cuando estas palabras,
ya en tu núcleo,
se derritieron como relojes blandos
y se disvieron en tu sangre,
y se repartieron uniformes por tu cuerpo,
por cada rincón de tu existencia...
Solo entonces
pudimos conversar de alma a alma,
ya sin máscaras,
sin demostrar nada,
sin requerir nada,
pues,
desde ahora,
las palabras,
no serán más que las gotas de rocío que transporta la brisa,
las palomas que llevan mensajes amarrados de sus patas,
la fíbra óptica que lleva infinitos rayos de luz,
la nave,
las ondas de sonido en el aire
artefactos prescindibles
cuando nuestros ojos se encuentren.
Las palabras,
Como amo las palabras!
porque dejaron una huella en tu corazón
que hizo que un día me dijeras...
¿Aun estás allí?

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