domingo, 10 de octubre de 2010

Expatriados


Me he sentido muchas veces 
expatriada de la nación que construí en el corazón de otro, 
de la cual me fui pensando volver y estaba ocupada 
o de la que fui desterrada aún sin poder soltarla… 

Viví ese dolor del recuerdo que no cesa, 
hasta que la nostalgia del recuerdo se hizo fatigosa 
en vez de ese ansiado impulso por no soltar… 

Miré hacia atrás con la nostalgia 
en forma de bandera de lucha, 
con la nostalgia como latido de amor, 
con la nostalgia como el motor de los sueños nocturnos, 
con la nostalgia como la palabra escondida 
para no dejar evidencia de los vacíos pendientes… 
hasta que de pronto, 
logré amarla tal cual es y se transformó en relajo. 

Nunca seré más feliz que hoy 
porque lo que dejé o me dejó atrás allá está, 
y lo que viene será lo que será, 
y no podré por mas esfuerzo de estructuración 
hacerlo sólo como yo quisiera. 

Mi nostalgia es una compañera 
que me trajo certeza de los vacíos y por ello le dije adiós.

Le di la bienvenida a los recuerdos y los dejé ser eso, 
y reuní ejércitos internos para la batalla de mi presente, 
para que el futuro no me deje con vacíos 
que no llene más que el vacío 
y regrese la nostalgia esta vez como enemiga…

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