Me he sentido muchas veces
expatriada de la nación que construí en el corazón de otro,
de la cual me fui pensando volver y estaba ocupada
o de la que fui desterrada aún sin poder soltarla…
Viví ese dolor del recuerdo que no cesa,
hasta que la nostalgia del recuerdo se hizo fatigosa
en vez de ese ansiado impulso por no soltar…
Miré hacia atrás con la nostalgia
en forma de bandera de lucha,
con la nostalgia como latido de amor,
con la nostalgia como el motor de los sueños nocturnos,
con la nostalgia como la palabra escondida
para no dejar evidencia de los vacíos pendientes…
hasta que de pronto,
logré amarla tal cual es y se transformó en relajo.
Nunca seré más feliz que hoy
porque lo que dejé o me dejó atrás allá está,
y lo que viene será lo que será,
y no podré por mas esfuerzo de estructuración
hacerlo sólo como yo quisiera.
Mi nostalgia es una compañera
que me trajo certeza de los vacíos y por ello le dije adiós.
Le di la bienvenida a los recuerdos y los dejé ser eso,
y reuní ejércitos internos para la batalla de mi presente,
para que el futuro no me deje con vacíos
que no llene más que el vacío
y regrese la nostalgia esta vez como enemiga…

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