...Y ahí está la semilla del universo,
una pulsación que dirige un mensaje
sin necesitar de la voz...
una pulsación que dirige un mensaje
sin necesitar de la voz...
A veces se comprime a si misma
preguntando si otras galaxias la ven...
¿podrían mirar sus come-rocas?
Los habitantes de las profundidades
que apartados del sol
aprendieron a alimentarse de su camino?
Y hay quienes aún se preguntan
si los microbios pueden hablarnos.
Yo los escucho todo el tiempo,
en mis rodillas y mi pelo,
en las uñas de mis manos y
en los pliegues de mi cuello.
Sal, oscuridad y hielo.
Los come-rocas no conocen de estos miedos.
La semilla del universo advierte su tamaño
y no le incomoda.

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