sábado, 6 de noviembre de 2010

te he leido tanto...



La entropía de la soledad, como la muestra perfecta de libertad en obligación… sí, tal cual. No puedo o no quiero evitar pensar que la entropía encierra el límite. De esta forma puede darse. En la medida de que aumenta o disminuyen las restricciones (límites teóricos) para la comprensión de los datos, surge la posibilidad de comprensión de los mismos… un antes que no regresa, un acto irreversible. Una vez manifestado el desorden de la entropía, el orden inicial no puede ser establecido… por tanto, ¿este caos ansiado cumple la misión de libertad que se ansía?...

El caos depende de la atracción ante fuerzas… algo lo acerca, algo lo atrae… por eso no es libre el caos. Es el principio que genera, ya que sólo en el caos podemos estar confinados a un espacio determinado y ahí surge la creación… El caos no es la respuesta a la libertad añorada… el que reclama libertad de espíritu se debe a  la inestabilidad, esa será bandera de lucha; el inestable es aquel que escapa del punto que lo ata… en el caos el punto es la medida del rechazo y la atracción.

Sólo un “sistema inestable”  puede engrandecer el ego. Porque lo necesita para impulsar su huida… más inestable será en la medida de su ego… y eso sí que lo hace atractivo. ¡Tantas  fuerzas intentando crear caos con este inestable!, intentando llevarlo a la estabilidad de sus dominios, a la fuerza que ancla a su información.

Yo creo que sólo un sistema caótico, capaz del determinismo del espacio, puede absorber ambas fuerzas hasta reconciliarlas… ¿divinidad? ¿Qué había antes del caos: Dios?...

Quizás si, antes de la creación existía lo creado, que en un impulso inestable, se escapó del estado inicial y luego se reconcilió ante las atracciones de su nueva forma… Cuando pudo comprender el yo nuevo que era, volvió a pelear contra lo conocido y así continuamente se siguió transformando… irremediablemente… libertad como motor de transformación inestable que aspira al caos infinito.

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