domingo, 7 de noviembre de 2010

Se cae la noche




Que aurora me mate las estrellas que caen...
que lo que buscamos no existe,
que somos lo que somos...

Debo admitir que he sentido lejanía
del hombre desde que decidió ser sólo amor...
Pero a aquel que fue hombre y fue amor
he querido abrazarlo.

Decirle que no descanse,
que no existe pausa en su batalla,
que las victorias de su nombre no tienen precedente,
que nadie las entenderá,
pero latirán en cada trozo de corazón,
hasta que alguien le deje el regazo como descanso
y le rescate la infancia en cada cariño sobre su cabeza...

Así sabrá que amor se come al hombre en su nombre, y eso está bien...


Por eso amo al hombre que quiso ser amor,
al que día a día libra la lucha visceral contra el humano que le late...
a ese,
el que rescata estrellas de las manos de la aurora,
a ese que quiere descanso después de tanta búsqueda,
a ese que ama a todas y no ama a nadie...
y que aunque no lo desee,
siente hambre de un abrazo a su hombre,
a su humanidad sin palabras,
hasta dormirse en un perfecto ahogo...
compartido.


Besos Hombre.
Adios Amor.

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