Vaciar el alma en ti...
No renuncies al sabor de mi lengua en tu boca.
La guerra de estrellas que se despierta en nuestro abrazo
y el plácido horizonte en el universo de mi pupila contemplándote.
Porque nunca el viento conmovió tanto una piel
como la mía inexplorada e indefensa.
Vaciar la mente de ti...
No quiero vestirme de resignación.
La trampa de la desesperanza es despiadada
y la batalla ha agotado mis recursos.
Porque nunca un amor tuvo tanto coraje
como cuando lo liberé a la locura.
Vaciar mi corazón en el tuyo...
No levantes barreras, ni traigas la lluvia con su frenético caer.
La perfecta anatomía de nuestro amor se perfecciona
y cada minuto el tiempo se vuelve un aliado.
Porque nunca la vida fue tan generosa
como cuando permitió que aparecieras en mi camino.

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