Y mientras vigilo su sueño
se han levantado oleadas de demonios a devorarme la calma.
Estrépito... así suenan esas palabras entre las estrellas que brillan sin sonido
que refulgen y resplandecen como ángeles protectores...
Cuántas heridas sin sanar quedan todavía?
No logro contener el llanto ante la abrasión de la carne que empuja la epidermis
apenas escucha tu nombre, hasta rajarla en grietas que son inmensas cual acantilados.
Tan sólo escribes y pides refugio emocional para tu culpa
sin entender cómo se libra la más cruenta guerra en mis emociones.
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