
Lunas y Lunares enloquecen (1995, autora Catalina Fernández)
No quiero seguir sintiendo el aire en los pulmones. No quiero este aire… no quiero nada que se trague… el aire me recuerda que estoy viva.
Los caminos que he tomado son sinuosos; tienen aristas y curvas, pequeños letargos de una conciencia mojada. La luna, la lluvia, los lunares, los caracoles, los millones de destellos ardiendo en el firmamento, que insisten en llamarse estrellas, te nombran. No existen las estrellas sólo son pequeñas bolas de suciedad en la imaginación que le impiden a una dormir tranquila; son los apestosos espías de un ser indigno que crea cosas y las nombra… que crea hombres y les da razones… que crea razones y les da muerte.
Es en la continua travesía de mi alma, donde descubrí que el ritmo armónico de mi corazón me aturdía; por eso, cuando se encabritó hasta apagarse nuevamente, supe que jamás volvería a creer ni en el aire que insiste en meterse por mis narices, ni en los acantilados que disfrazados de oportunidades me amenazan cobardemente con la cordura.
Estoy segura que el lunar que tengo en mi hombro, impertinente testigo de mis horizontes, sabe porqué se movió de lugar. Hace unos años lo tenía en mi muslo derecho, pero ahora me pesa y me habla de lamentos y gritos desconsolados… ¡¡¡Maldito!!!, le grito, “vuelve a mi pierna, deja de mirar como un ojo instigador cada paso que retrocedo… eres un asqueroso voyerista, un asqueroso proxeneta de recuerdos… quiero que vuelvas a mi muslo… el hombro me pesa… ya estoy muy cansada”.
Como dije, estoy segura que el lunar que tengo en mi hombro se movió de un día para otro… fue cuando invoqué su nombre… uno siempre comete los mismos errores.
Me enseñaron a muy temprana edad que uno era como el junco; el viento te movía de un lado para otro, ladeándote casi al punto del garabato, para luego levantarse hacia el otro costado, amenazando cualquier equilibrio conocido. “¿qué tiene uno de parecido con los juncos?” pregunté ingenuamente… “que si compatibilizas con el viento nunca quebrarán tu tronco” me respondieron…¡¡ ¿Qué saben ellos de doblarse en las rigidez del espíritu, de cómo un tronco amigo puede volverse tu caja mortuoria, y qué saben ellos sobre como el aire, el viento y todos sus compañeros eólicos son una pila de degenerados disfrazados?!
Acabo de sentir nuevamente como el aire se mete por mi nariz, infla mis pulmones y me obliga a respirar. Aprendí a respirar contigo… querías que lo hiciera en sincronía con los latidos de tu corazón. Una propuesta demasiado cara hiciste: sin latidos no hay respiración… entonces, ¿por qué sigo respirando todavía?
Lo conocí a los 16 años. Yo, una mocosa con la vida convertida en junco y una sonrisa dibujada en los labios. Mis únicas convicciones eran el hecho de que vivía y eso debía ser por algo o por alguien… Entonces él se acercó a mi oído diciendo: “Ayer la Luna tenía dibujada tu sonrisa”.
Como si de repente millones de ojos y de voces hubiesen encontrado en mí su estadía, la sangre me habló de tus labios, de tus conquistas y de tus deseos… y allí trémula de sobrecogimiento por la noticia del robo Lunar de mi sonrisa caí plagada de atmósfera hasta poder girar la cabeza y mirarte… ¿porqué habías tardado tanto? Pensé mientras me aferraba a tu cuerpo, conteniendo el aire, la pena, la risa, la sobrecogedora convicción de unos ojos que me pertenecían. Todo era tan diferente… tu voz, el calor de tu piel, el olor de tu pelo. Pasaban esos escasos segundos donde toda una vida de batallas nos acompañaban y la certeza se fue alejando, pidiendo secretamente que no recordara, que no recordara… entonces descubrí la presión que ejercían mis brazos alrededor de tu cintura y soltándote, con la sensación de abandonarlo todo, levanté los ojos y te dije… “Ayer, esa sonrisa era robada”.
Una vez maldije su existencia, repugné el cuerpo que traía consigo. Asqueada e impotente aborrecí la compañía que me ofrecía y como si de cada poro escapara un largo y horroroso lamento le grité… ”¡¿porqué insistes en aparecerte en mis sueños, en mis recónditos deseos, dejarme fantasear con que te tengo, para luego enviarme sola a combatir los demonios que tú mismo me has presentado?¿Quién te eligió para acompañarme a través de los siglos, para aparecerte una y otra vez en mi cabeza y meterte en mis fibras hasta convertirme en universo?... luego, egoísta y traicionero me dejas intentando encontrar un pedazo de tu sombra olvidado en mi alfombra… tan solo un pedazo tuyo en cualquier cosa… ¡¡¡Maldita Alma Gemela!!! Compañero de destinos, torturador de mis besos… No quiero seguir, muerte tras muerte amenazando mi cordura con la cura de encontrarte en un abrazo, todo tan dispuesto y conocido por ese vil creador de circunstancias, por ese rastrero que sabe que el lunar se me cambió de lado para gritarme en el oído: ¡¡¡MUERE, MUERE, MUERE Y ENCUENTRALO DE NUEVO!!!
Por una sonrisa en la Luna comenzamos a dibujar caminos; Primero reconocí destellos que se reflejaban en sus pupilas. Los destellos parecían pequeñas ondas magnéticas, pequeñas bolitas de fuego… eso eran… eran estrellas, las mismas que bajo el cielo encubridor permitió tu regreso de la Guerra. Yo no sabía que partirías tan luego… tampoco lo supe cuando vi el mismo reflejo a pleno sol, en una plaza de Italia atestada de gente subiendo a los trenes; ni cuando la lluvia que caía en Escocia se los llevaba en cada gota… siglo tras siglo, reflejo tras reflejo te reconozco cuando te veo, te pierdo a los pocos segundos y vuelves a llamarme minutos antes de partir… me llamas por mi primer nombre, ese que conocen él y tú… bueno, y también sus espías, sus millones de ojos titilando soledades en el cielo raso del universo.
De pronto algo me sube por las piernas, sujeta el lugar sonde estaba mi travieso lunar y lo presiona. En seguida mis piernas parecen de agua, tan líquidas como las olas, y la piel se recoge y estira, la piel se contrae y se suelta, la piel se enfría y luego arde… el océano que ha despertado entre mis piernas comienza un diálogo ensordecedor con el lunar en mi hombro… soltando palabras impúdicas, cargadas de aliento, cargadas de nombres… y así, sin saberlo mi cuerpo respira enajenado un aire que aborrezco, que me obstruye los pulmones repletos de conciencia y yo intento morirme… pero solo jadeo, y jadeo y jadeo hasta llenarme de heridas la memoria, de tantas caricias que siento y que extraño, de tanto bosque que dice haberte escuchado acechando, conteniendo tanta fibra para tus cobardes pasos, tanta sal para tu escasa agua, tanta selva que tu tierra me secaría, que derrotada e indefensa ante tu ataque reconozco que no me importa si destruyes mi piel con grietas y sequías… necesito que vengas a tomar todo lo que te pertenece desde siempre y luego me abandones…
Sólo te pido que en la siguiente vida, sea yo la que se despida y por fin te acompañen las estrellas y la Luna noche tras noche… así hablaremos al fin en lenguajes comunes, llenos de aire y pulmones que sobran…
1 comentario:
mmm que tristeza me ha dado con esto...y encima el titulo de tu post me toca profundamente, aumque el post no tenga nada que ver...
Caramba, el amor y la pasion, totalmente adictivos, sentimientos para algunos una bendicion para otros una desgracia...la dependencia emocional terrible que se genera a travez de ellos que nos carcome y solo nos ensena a escribir...
Un saludo y gracias por volver a mi mansion media clausurada, y para ser redundante, con el baul ya a medio cerrar...
Muy lindo post
Petra
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